Fabula del caballo, el ciervo y el cazador (De Esopo)
Cierto día un hombre recibió la visita de un caballo salvaje. Este caballo le pedía ayuda para poder cazar a un ciervo, al que odiaba porque supuesta mente le había insultado en el pasado. Sin embargo por más que había intentado alcanzarlo nunca lo había conseguido porque no era tan rápido como el ciervo. El caballo solo quería vengarse, y a cambio de la ayuda le prometió al hombre que podría quedarse con la carne y cuero del ciervo una vez lo hayan cazado. El hombre escuchó la historia pacientemente y, después de pensarlo un poco, aceptó ayudarlo; pero le advirtió que capaz no le gustaría lo que necesitaba hacer para cazar al ciervo. El caballo dijo que no había problema, que estaba dispuesto a hacer lo que se necesitara para poder vengarse. Entonces el hombre le puso montura, le puso riendas y le dijo que aquello era necesario para poder alcanzar al ciervo. Le necesitaba controlar, y el caballo asintió. Además dijo el hombre que necesitaba usar el látigo de vez en cuando para que el dolor infligiera fuerza en el caballo y así le ayudara a correr más rápido. El caballo dijo que era lógico y lo entendía. Al día siguiente subieron a la montaña, divisaron al ciervo y salieron en su cacería. Con el uso del látigo y con las riendas el caballo mejoró su velocidad y eso bastó para que el hombre cazara al ciervo y lo matara. Entonces el caballo le dijo al hombre que cómo habían acordado él podía quedarse con la carne y el cuero del ciervo, y que procediera a sacarle las riendas y la montura para poder retirarse ya que su venganza había terminado. El hombre le respondió que no, que le agradecía por haberle permitido conseguir comida, carne y cuero del ciervo; pero que también se iba a quedar con él, y que jamás le quitaría las riendas y dejaría de usar el látigo en el futuro. Y así el caballo por el odio a un ciervo perdió la libertad al dejarse ayudar por alguien peor. No se por qué esta historia se me parece muy semejante a la de mi país. Aquí también quiénes se dijeron la cura terminaron siendo peor que la enfermedad; y el Ecuador quedó como el caballo, su odio le ha hecho perder la libertad, quien sabe si para siempre.
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