#OPINIÓN | Por Gerardo Merino
A un año del paro nacional de octubre 2019 y 528 años de que este continente se encontrara con los europeos, medios privados y redes sociales se han llenado, una vez más, de comentarios racistas que podrían resumirse en “estos indios que vienen a invadir, vandalizar y destruir Quito”.
Algunos de estos comentarios incluso han terminado con un llamado para formar grupos paramilitares para dizque “defender la ciudad, la propiedad privada y el patrimonio”, supuestamente amenazados por la presencia de indígenas en la capital ecuatoriana (como si no existiera el derecho a la protesta y derecho a la libre circulación por el territorio).
Los autores de estos comentarios racistas y estos llamados a la violencia (supuestamente justificados por los grafittis pintados en las paredes del centro o la pintura vertida sobre una estatura durante las protestas) no ven (no quieren ver) la destrucción de los territorios y la vandalización del patrimonio natural y cultural de los pueblos y nacionalidades indígenas ejercida históricamente por el estado ecuatoriano y los grupos económicos de poder que lo han manejado.
¿De dónde creen que han salido el petróleo, el agua, el oxígeno y los alimentos baratos que han permitido mantener la vida y acrecentar los niveles de consumo y de acumulación de capital en Quito, Guayaquil, Cuenca y todas las ciudades desde que existe Ecuador como república?¿O creen que alguna de las grandes ciudades ecuatorianas es realmente autosuficiente y produce el agua, el oxígeno, los alimentos y la energía que consumen sus ciudadanos?
¿Quiénes llegaron hace más de 70 años a la selva amazónica a saquear el petróleo con el que se construyeron avenidas, pasos a desnivel, hospitales, escuelas y edificios públicos en Quito y las otras grandes ciudades de Ecuador? ¿Acaso esta explotación fue consultada y consentida por los pueblos originarios que allí han habitado históricamente?
¿Y qué les hemos dejado a cambio de llevarnos el petróleo? ¡Derrames de petróleo causados por Petroecuador y las petroleras privadas, selvas destruidas, ríos contaminados, suelo tóxico, personas enfermas de cáncer, pueblos, plantas y animales originarios en grave riesgo de extinción!
¡Los mestizos urbanos sí podemos ir a la selva a contaminar sus suelos y ríos pero los indios no tienen ningún derecho de venir a Quito a meterse con nuestras sacrosantas estatuas que celebran la heredad hispánica! Por cierto que la selva amazónica también es considerada patrimonio natural y reserva de la biosfera por la Unesco…
¿Quiénes, desde los años 90 por lo menos, estamos tomando el agua de los páramos y ríos que rodean a Quito -que por elemental justicia les pertenecen a las comunidades indígenas y campesinas asentadas allí desde hace muchas generaciones- para traerla a la ciudad, a fin de que pueda ser alegremente desperdiciada por las quiteñas y quiteños de todas las edades (menos por la gente que vive en barrios marginales que carecen de agua, que son son muchísimos)?
¿En serio hay que explicarles con plastilina a las y los racistas quiteños que el agua que consume Quito no sale de Quito? ¿Qué los pocos ríos que cruzan la capital (Machángara, Monjas, Guayllabamba) ya los contaminamos hace rato con químicos de sus industrias y aguas servidas de sus distinguidos ciudadanos y por eso seguimos tomando el agua de lugares cada vez más lejanos?
¿Y qué les hemos dejado a cambio a las comunidades cuyos ríos la Empresa Metropolitana de Agua Potable se ha encargado de entubar para traerla a Quito? ¡Escasez de agua! Si no quieren creerlo, visiten comunidades como Palugo, Paluguillo, El Tablón y otras en la vía a Papallacta, por citar un caso.
¿Quiénes desde principios del siglo 20 están saqueando la madera de los árboles nativos que alguna vez cubrieron Esmeraldas para que ciertas élites en Quito, Guayaquil y otras ciudades hagan muebles y acabados de lujo en sus residencias? ¿Alguna vez las comunidades chachis, cayapas o afrodescendientes que habitan esta zona desde tiempos ancestrales fueron consultadas sobre este saqueo y esta destrucción de su selva? ¿Y qué les hemos dejado a cambio? Deforestación, monocultivos y unos pocos puestos de trabajo tan pero tan precarios que son lo más parecido a la esclavitud en el siglo 21 (por si las dudas, consultar furukawanuncamas.org).
¿Quiénes han vandalizado y destruido la casa y el patrimonio de quiénes entonces? ¿Hay algún punto de comparación entre un río contaminado y una estatua manchada de pintura?
Desde la comodidad de quien tiene agua abundante y segura y los otros servicios de que gozan ciertos sectores sociales en las grandes ciudades, es fácil escandalizarse por un vidrio roto, una pared grafiteada o una estatua manchada y pedir castigo ejemplar para estos “terribles delitos contra la propiedad” y hablar de “vandalismo y destrucción del patrimonio”, pero… ¿Y el saqueo, el vandalismo y la destrucción de la selva, el páramo y los manglares -casa y patrimonio de los pueblos y nacionalidades-, cometidos desde hace siglos, nos importa siquiera que se investiguen, nos importa que no queden en la impunidad?
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